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Los Túneles Subterráneos de Cuernavaca

Por Carlos Lavín Figueroa

 Escritor, conferencista, investigador de la historia de Cuernavaca y del resto de México, diplomado en Historia de la Administración Pública, Turismo e Historia del Arte por la Escuela de Artes y Oficios de la Diputación de Barcelona, España, miembro del Comité Directivo, Fundador y Presidente del Consejo de Cronistas de Cuernavaca, A.C.

Los túneles bajo el Centro Histórico de Cuernavaca eran una leyenda que se contaba en tertulias y sobremesas, y todavía la relatan miembros de antiguas familias oriundas, pero ahí están. Este tema lo he investigado, verificado por décadas, y publicado en varios artículos incluyendo planos de sus dos ejes principales con algunos de sus ramales. Atestiguo que dentro de una propiedad todavía existe un acceso original y abierto con dirección precisa al Palacio de Cortés, así como también docenas de testimonios vivos de cuernavacenses vivos –valga- que ya he mencionado en otras ocasiones y otros datos que llevarían a descubrir toda una red de pasadizos subterráneos bajo la ciudad.

Desde la época prehispánica existen en Cuernavaca largas cuevas artificiales o túneles subterráneos cavados en el duro tepetate de tres a cinco metros de profundidad, justamente para paso de una persona a la vez. Cuando la escuela Colón estaba en calle Salazar, los alumnos entraban a un túnel que iba en línea recta hacia el Palacio de Cortés y, en esa misma línea, cien metros pero al poniente, donde estuvo el Registro Civil, está otro acceso a sólo unos metros del puente de Amanalco. Otra entrada está bajo la Catedral y va en dirección del Palacio de Cortés; otro más está donde fue el Tecpan y después fue Teatro Ruiz de Alarcón y va en dirección a la Catedral. Este túnel está a medio tiro de lo que fue un disimulado pozo de agua en el patio central, este dato es de Paco Guerrero Garro, quien entró en él cuando rentaba esa propiedad y menciona que los canales no eran para agua ya que tenían subidas y bajadas. Paco incursionó en otro túnel que va del Jardín Borda hacia el sur, todos han sido tapiados. Gutierre Tibón menciona los túneles en su libro “Aventuras en México”.

Mapa que muestra los tuneles subterráneos en Cuernavaca

 

En los “Códices de Cuernavaca y unos títulos de sus pueblos”, escritos de 1552 en náhuatl y traducidos al castellano en esa misma época, que se encuentran en París, publicados por J. Dubernard en 1991 y auspiciados por el Gobierno de don Antonio Riva Palacio, en su página 111 algunos caciques durante los inicios de la época colonial describen los linderos de sus terrenos; ahí, varios de ellos citan “cuevas” que verdaderamente eran esos largos túneles, dice uno de ellos “…de ahí a las casas, donde está un platanar de del tránsito (probablemente se refiera al altar del tránsito de Catedral. Nota de J. Dubernard), [Transetto se refiere al crucero y centro de la Catedral. Nota de C. Lavín] y continua al puente grande para seguir a  la cueva que parte a Xalaltlauhco y termina en el puente (el de Amanalco era llamado puente grande, punto donde atacaron los conquistadores a Cuauhnáhuac) y sube a una laguna, para acabar en la cueva donde empiezan las tierras de Tecpan” (frente a Catedral).

Las llamadas cuevas en ese códice o código que muchos habrán leído pero no analizado, lo afirmado por los caciques indica que “las cuevas” iban de un lugar a otro a distancias considerables, dando alrededor de dos kilómetros desde la barranca de Amanalco hasta la Catedral y de ahí al Tecpan.  Entre otras páginas, en la 80 menciona otro cacique que “…allí está una cueva donde se empezó la iglesia (Catedral), y a dos lomas está una canoa (canal) por donde pasa el agua”. Otro menciona: “…vivía yo en la loma donde llaman Cuauhlotitlan donde acaba la cueva, que allí estaba un temascal llamado Tepetlacalco, subiendo por la mitad de la loma “a caer a la barranca” está una cueva donde está un temascal de donde sale el sol” (Amanalco).

Ninguno menciona que corría agua en ellas, el tepetate donde fueron cavados no se presta para cuevas naturales, otras muy distintas son minas de arena y piedra que formaron cavernas también bajo el Centro Histórico. Su trayectoria coincide con lo dicho por oriundos como los Sedano, Mario Salazar Parra, el abogado Pedro A. Jiménez Alegre y los arquitectos Jorge Salazar Díaz y Francisco Antonio Flores Castro entre otros, ellos con otros más que entraron en varios tramos.

Esos túneles que algunos oriundos conocemos en unos tramos, se construirían en la época prehispánica dándoles usos como el de ataque, defensa y escape, como lo describe Bernal Díaz en la conquista de Cuernavaca: “…y estaban muy fuertes (los tlahuicas) por unas cavas y (además) riachuelos que están en las barrancas…y es fortaleza para ellos, y de esta manera estaban tan fuertes que no les podíamos entrar…”. Esta batalla se dio en el puente de madera de Amanalco que “alzaron” los tlahuicas para tratar de impedir el acceso a Cuauhnáhuac. Estos túneles, de igual manera, serían después aprovechados por los conquistadores; son comunes en el medioevo y en todos los continentes, en todas las épocas y culturas, no son los únicos en México. Cuando se fueron construyendo casas, estos pasadizos se fueron tapiando, ya por los cimientos, ya para impedir el acceso por debajo de una propiedad a otra, sólo algunos propietarios conocen su existencia. El túnel que sale del molino que estaba en la casi esquina de las ahora calles de Abasolo y Netzahualcóyotl, hoy estacionamiento, es de la época colonial; también ya fue recorrido por este autor y éste sí sería para dar salida al agua que activaba su rueda, pero no por ello se puede generalizar.

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